Historia de Santuario y Convento de la Santísima Cruz de los Milagros
Fundación del Convento de la Cruz - Siglo XVI-XVII
Antes de la llegada de los españoles, el actual Cerro del Sangremal era un lugar sagrado para los pueblos originarios, en especial para los otomíes. En este sitio vivía el cacique Conín, líder respetado que más tarde se convertiría al cristianismo con el nombre de Fernando de Tapia. El cerro era un punto de reunión ceremonial y espiritual, profundamente respetado por las comunidades indígenas.
Según la tradición queretana, en el año 1531, en ese mismo cerro se libró una batalla simbólica entre indígenas y españoles. Durante el enfrentamiento, mientras los misioneros franciscanos oraban, ocurrió un suceso milagroso: una cruz luminosa apareció en el cielo, lo que fue interpretado como señal divina. Este hecho provocó que los indígenas depusieran las armas, dando paso a una conversión pacífica. Se cuenta también que Santiago Apóstol se apareció montado en un caballo blanco, reafirmando el carácter espiritual de la victoria.
En el lugar exacto de aquella visión se construyó una primera ermita y más tarde, en el siglo XVII, se fundó formalmente el Convento de la Santa Cruz, convirtiéndose en el primer convento franciscano al norte del Valle de México. Desde este punto partieron muchos misioneros hacia las zonas del norte del país y la Alta California, consolidando al convento como un centro neurálgico de evangelización, cultura y formación religiosa en la Nueva España.
Transformaciones y legado - Siglo XIX-XX
Durante el siglo XVIII y principios del XIX, el convento siguió siendo un espacio de formación espiritual e intelectual. Sin embargo, el proceso de desamortización mediante la consolidación de Vales Reales al inicio del siglo XIX provocó la pérdida de varias propiedades del colegio y convento, debilitando su infraestructura y autonomía económica.
En 1811, el fraile José Jimeno, del Colegio de Crucíferos de Querétaro, escribió el ensayo "La discusión filosófica de la contestación… al manifiesto del señor Hidalgo", un documento clave para entender el pensamiento conservador queretano durante el proceso de Independencia de México, además de un brillante ejercicio argumentativo en la historia intelectual del país.
Con las leyes de Reforma de 1857, el convento fue declarado bien nacional. A partir de entonces, fue utilizado como cuartel militar, y más tarde, durante el sitio de Querétaro en 1867, sirvió como cuartel general y prisión de Maximiliano de Habsburgo, quien dirigió desde allí los últimos esfuerzos del Ejército Imperial Mexicano frente a las tropas republicanas.Posteriormente, el edificio fue usado como escuela primaria, y al perder esa función, cayó en el abandono durante un periodo, hasta su recuperación como santuario religioso y símbolo histórico de Querétaro.
Presencia viva - Siglo XXI
En el siglo XXI, el Templo y Convento de la Santa Cruz continúa siendo un referente de fe y cultura en Querétaro. Este recinto, con más de cuatro siglos de historia, representa la continuidad de una identidad espiritual que ha resistido el paso del tiempo y se ha enriquecido con el diálogo entre tradiciones indígenas y cristianas. Cada 14 de septiembre, miles de danzantes conchero-chichimecas de todo el país llegan al Cerro del Sangremal para rendir homenaje a la Santa Cruz. Esta celebración, una de las más antiguas del país, une la devoción católica con elementos ceremoniales prehispánicos, dando vida a un sincretismo único que se renueva año con año.
El templo sigue siendo también un punto de encuentro para fieles locales y visitantes, quienes encuentran en su interior un lugar de recogimiento, oración y conexión espiritual. En su huerta crece el emblemático árbol de espinas en forma de cruz, considerado milagroso por generaciones y símbolo vivo de la fe popular.El convento permanece habitado por frailes franciscanos, quienes preservan su misión de vida religiosa a través de la oración, la enseñanza y la atención pastoral. Su presencia garantiza la continuidad espiritual del recinto y su apertura como espacio de acogida, orientación y reflexión.
